La suerte se la busca uno
Hace muchos meses que no escribo, tal vez demasiados. Han cambiado muchas cosas en mi vida, algunas para bien, otras para mal, y otras tantas para mejor. Lo curioso es que esto puede que no lo lea nadie. ¿Y qué? Lo importante es que lo lea yo, que quede en negro sobre blanco. Los pensamientos que no se escriben se van con el viento como las palabras en voz alta.
Es increíble el momento que estoy viviendo, es sencillamente espectacular el volver al inicio, a donde ya estuve, a donde quise regresar, a donde creí que nunca volvería. Estar en un punto de la vida en el que hay cosas que parece que no hubieran cambiado nunca y otras que han evolucionado de tal forma que son simplemente diferentes. Y esto es así por el momento, por las circunstancias, por las personas y por las decisiones; tanto buenas como malas.
Aunque es de mis autores preferidos, no soy muy dado a parafrasear a Antonio Machado; porque la mayoría de gente que lo hace es porque o no conoce a ninguno más, o sabe de su existencia por Serrat. Sin embargo, estos versos extraídos de Proverbios y Cantares, vienen muy al hilo de lo que vengo a exponer:
Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
De hecho, expresan en unas pocas palabras mucho mejor que yo lo que quiero dar a entender. Es evidente que la genialidad del poeta no es la mía.
Somos lo que somos porque un día fuimos lo que fuimos; porque en ocasiones quisimos estrellarnos y en otras llegar al cielo. Los errores, los aciertos, los buenos y los malos días, las personas que nos quieren y las que nos odian, todo, va haciendo un presente, que será algún día pasado. Y que determina inexcusablemente el futuro.
No creo en el destino. No creo en las casualidades. Las cosas -salvo las que la propia naturaleza determina- son como son porque queremos que sean así. Decidimos lo que pasa en nuestra vida, tenemos capacidad para elegir prácticamente todo lo sucede. Lo que hoy tenemos quizá no sea decisión directa, pero está influenciado por lo que hemos hecho con anterioridad. Estar hoy donde estoy no es por lo que me rodea, es por lo que un día decidí. Por aquello en lo que acerté. O en lo que fallé. El Destino, la Suerte y la Casualidad son para los que no se atreven a arriesgar lo poco o mucho que tienen. La vida está hecha de decisiones que día a día crean el futuro. Lo único que nos viene determinado es lo que Dios nos da, y de ahí somos nosotros –y sólo nosotros- los que podemos elegir qué ser, cómo ser. Y lo más importante; con quién serlo.
Sin embargo no es tan fácil. Si lo fuera la vida no sería tan interesante como puede parecer. De hecho sería tremendamente aburrida. Sería una ecuación perfecta en la que las sumas y las restas de los factores darían un resultado fijo, que sabríamos mucho antes de poner los números sobre el papel. Muchas cosas que decidimos hoy, pensando que van a salir de una manera, algún día nos darán otro resultado, totalmente distinto al que pudiéramos esperar. Tenemos que ser cautos en lo que elegimos, pero también vivir del riesgo. De la incertidumbre. Hay que saber jugar las cartas. Pero jugarlas, no derrocharlas. Hay que saber apostar sin malgastar, hay que saber aventurarse sin desperdiciar . Lo que tengo ahora no ha sido por escribir una fórmula matemática, no. Ha sido porque un día hice una cosa que tal vez estuvo mal, y luego otras muchas, buenas, malas y regulares. Y la suma de todo eso, el saber hablar en un día y en un lugar concreto, el saber vivir cada momento, algunos con el freno echado y otros a todo gas, ha hecho que tenga lo que tengo. Sin más ni más. Y todo ha sido decisión mía. Directa o indirectamente. Porque lo que nos rodea nos influye en la medida en que dejamos que nos afecte. Tenemos que saber decidir quién y de qué modo está a nuestro alrededor, y de que manera dejamos que influye en nuestras decisiones.
El Destino, la Suerte y la Casualidad son para los que no se atreven a arriesgar lo que tienen. Ahora arriesgo y -por ahora- gano. Porque dicen que nadie es imprescindible para que el mundo siga girando. Hasta que llega el día en que te das cuenta de que la única razón por la que tu mundo gira es porque hay una persona imprescindible en tu vida.



Eres único.
Disfruta
Grandes palabras, amigo.