De puertas para dentro
Del fin de las relaciones personales y de cómo se rompen los vínculos humanos.
Ayer –casi literalmente- íbamos a la piscina en verano, al cine los Domingos y a comer una pizza o una hamburguesa fuera de casa. Antes salíamos y nos reuníamos en las plazas y los parques, jugábamos en los columpios mientras nuestros padres se reunían en los bancos. Las señoras mayores cotilleaban sentadas en las puertas de sus casas mientras los niños corrían detrás de un balón lleno de remiendos. Comentábamos nuestra opiniones con los amigos por las tardes en los bares, tomando algo y pensando un destino para nuestras vacaciones.
Hoy no. Hoy tenemos la piscina en el patio de la urbanización, ponemos el Home Cinema para ver las películas y tenemos hamburguesas congeladas y pan Bimbo especial para ellas. Hablamos con los amigos por el Facebook, y tenemos un parquecillo en nuestro mismo edificio. Jugamos al Pro Evolution Soccer online, sin salir de casa. Ya ni quedamos con los amigos para echar la partida; cada uno juega desde casa. Ya no necesitamos salir de casa para tomar unas copas, tenemos un frigorífico con un armarito para bebidas, que pica hielos y hasta podemos comprar el mojito hecho y embotellado. Elegimos el destino de nuestras vacaciones consultando las opiniones por Internet, y compramos los billetes baratos online.

Porque ahora todo es de puertas para dentro. ¿Para que quedar con los amigos pudiendo hablar por Facebook? ¿ Para qué discutir de nada pudiendo pelearnos por Twitter? ¿Para que salir al cine teniendo un plasma de 42” en el salón? o ¿ Para qué bajar al parque y jugar con los amigos pudiendo organizar una partida por Internet de Counter Strike? Porque las relaciones humanas se debilitan cada día, porque ahora se hacen a través de los medios digitales. Ya no tienes amigos, tienes contactos. Ya no quedamos para jugar al futbol, guardamos el archivo del FIFA. Ya no quedamos para ir al cine, podemos bajarnos la película –sin pagar- y verla en el salón de casa.
Así vamos, así nos va. Acabando con las relaciones humanas, rompiendo los lazos que nos quedan. Y por lo que veo todo esto irá a más. Antes teníamos tres personalidades. La nuestra, la que veía la gente y la que creía nuestra madre. Ahora tenemos la cuarta, la que nos creamos por Internet. Porque la Red nos da la posibilidad de ser quienes no somos, de dar la imagen que queremos dar. De subir unas fotos concretas en unos sitios escogidos, de elegir cómo somos y quiénes nos conocen. De ser quien no somos, aunque sólo sea en apariencia. De dar al mundo una visión nuestra tergiversada, o mejor dicho, una visión de cómo nos gustaría ser, o como creemos que debemos ser.
Así nos va, quedando por el Tuenti, ligando por el Messenger y rompiendo por Facebook.
