De vocaciones, estudios y capacidades.
¿Es siempre lo más difícil lo correcto? Mejor dicho, ¿es bueno hacer lo que nos cuesta trabajo, y desechar lo fácil? El que está capacitado para más, ¿debe hacer lo que –aparentemente- es más difícil, aunque no con ello se sienta realizado?
Parece que cuando algo es difícil y nos cuesta trabajo, cuanto tenemos que rompernos los cuernos y esforzarnos, los resultados nos satisfacen más. Parece que cuando tenemos que dedicar horas y horas a ese algo, al terminarlo creemos que hemos hecho lo máximo, y por ende lo correcto. Pero tenemos que ir más allá. ¿Se debe hacer todo lo que se puede, o todo lo que se quiere?
O mejor dicho; ¿por qué no combinar ambas? Las concepciones de los estudios a este respecto son claras. La gente que siempre ha sacado buenas notas debe estudiar las carreras con calificaciones de corte altas. La gente que habitualmente ha tenido notas mediocres, está enfocada a las carreras a las que cuesta poco entrar, o que directamente no tienen ese corte. Pero en serio; ¿sabe la gente por qué y cómo se establecen esos cortes? ¿Por qué la Facultad de Medicina de Albacete oferta 90 plazas y la de Derecho 200? ¿Es por que los de Medicina (y cuando digo Medicina puedo decir Ingeniería Aeroespacial, Farmacia o Cadete del Ejército del Aire) tienen que estar mejor preparados, es por que las facultades sólo quieren a los que saquen las mejores notas y a los que más se esfuerzan? ¿Es por que esas carreras son para los mejores?
No.
Esas carreras tienen plazas limitadas porque son caras. Porque la Universidad Pública no puede permitirse ofertar 200 plazas de Administración y Dirección de Empresas –cuyos únicos gastos son luz, pupitres, un ordenador y un cañón proyector- y otras 200 de Medicina o Farmacia, con unos gastos que puestos a enumerar, me faltaría espacio.
No es mejor el que estudia una carrera a la que le ha costado acceder, es mejor el que estudia lo que de verdad quiere, y que una vez dentro se supera. Porque sea Magisterio, Ingeniería o Enfermería, lo difícil no es entrar; es salir.
Yo invito a la gente inteligente, a la gente capaz, a los que de verdad saben que pueden sacar las notas que quieran, a que no se encasillen en esos estereotipos. En que no por sacar toda tu vida buenas notas, tienes que estudiar una carrera con un corte elevado. A que sean felices, a que se arriesguen, a que no se dejen llevar porque lo que piense la gente de lo que quieren estudiar, o de las salidas que pueda tener. A que estudien lo que quieran y trabajen en lo que puedan. Porque construir una vida a medida con dieciocho, diecinueve o veinte años, es una pérdida de tiempo.
Yo soy tremendamente feliz en una carrera en la que, con no suspender hasta el recreo, podías entrar. Y si quisiera -para que engañarnos- podría estar estudiando la carrera que quisiera. Y no por ello me siento menos que los que se esforzaron por hacer lo que creían que debían, y ahora se ahogan en un mar de dudas que, si hubiesen sido previsores, desconocerían.
Suerte a todos. Porque ahora, es cuando hay que esforzarse de verdad.


Este discurso es completamente distinto al de hace unos meses.
Me alegra que cambies de opinión.
Tú lo has dicho… Lo importante y lo difícil no es entrar es salir… ¡Qué no es fácil…!
Más inclusive… lo difícil viene al salir… cuando te topas con la realidad, cuando comienza la lucha contra los méritos, contra las influencias, intentando encontrar justicia donde, a veces, no la hay; poniendo grandes ilusiones en proyectos que, en ocasiones, se queda en eso, y no llegan a nada.. pero luchando y formándote cada día hasta que llega el momento en el que te ofrecen una oportunidad.
La inteligencia entonces, nos debe servir, para no desaprovechar esa oportunidad. Para desplegar todo nuestro potencial y demostrar que somos capaces.
Que la universidad nos da la capacitación y las herramientas.. que no es poco, pero que el buen hacer en nuestra mano queda…
Ánimo, amigo.. que merece la pena..
Al final, tarde o temprano merece la pena.
Y los recuerdos universitarios son los que mejor se graban en nuestro recuerdo.
Un abrazo